La artrosis es la enfermedad articular más frecuente en los seres humanos, es además la primera causa de discapacidad crónica en los países desarrollados.

La función de una articulación es proporcionar movimiento a la unión entre dos huesos, para ello se sujetan mediante ligamentos y otras estructuras. Cada zona del hueso que está en contacto con la otra presenta un recubrimiento llamado cartílago, una estructura muy lisa y ligeramente flexible.

La articulación está bañada por un líquido espeso que aporta lubricación al conjunto: el líquido sinovial, compuesto fundamentalmente por plasma y ácido hialurónico. El líquido sinovial lo produce una estructura que se llama sinovia (que tapiza el interior de la articulación). El cartílago articular retiene el líquido como si fuese una esponja, de manera que con el movimiento se va “exprimiendo” y se libera una cantidad que permanece adherida al cartílago, recubriéndolo.

Si el cartílago se daña, su superficie lisa se vuelve rugosa y más fina, menos flexible y aumenta el roce entre los dos huesos, aparece entonces la denominada osteoartritis o artrosis. La artrosis no es una inflamación, sino un desgaste o degeneración del cartílago articular, en el caso de las rodillas se denomina gonartrósis.

Los factores de riesgo para padecer la enfermedad son la edad, la obesidad (el sobrepeso multiplica por cuatro el riesgo de padecer la enfermedad en las rodillas) y el excesivo uso de las articulaciones, como podemos observar en la evidente deformidad de los dedos de las manos de las personas que han realizado un trabajo manual muy duro. En mujeres es más frecuente encontrar artrosis en las rodillas, mientras que en los hombres la prevalencia es mayor en la articulación de la cadera.

Otros factores de riesgo son los golpes en la articulación y las lesiones de los meniscos y ligamentos cruzados.

La manifestación clínica más limitante es el dolor, que empeora con la actividad y mejora con el reposo, pero según avanza la enfermedad el dolor no se calma con reposo y además aparece deformidad.

Esta enfermedad genera un importante deterioro de la vida de las personas, especialmente por el dolor y la limitación de movimiento.

Hasta ahora, y dado que la enfermedad es irreversible, el tratamiento se ha basado en paliar los síntomas, usando analgésicos y antiinflamatorios específicos en brotes agudos, y condroprotectores (condroitín sulfato) de forma preventiva para mejorar el cartílago. Pero según evoluciona la enfermedad el tratamiento sintomático es menos efectivo, siendo el siguiente escalón las infiltraciones intraarticulares de ácido hialurónico o de corticoides con anestésico. En ambos casos el efecto es a corto plazo y no regenera el cartílago dañado.

Una vez muy avanzada la enfermedad, el tratamiento pasa por el quirófano, indicando la sustitución de la rodilla por una prótesis.

Pero gracias a los avances e investigaciones en medicina regenerativa desde hace más de quince años, disponemos de una potente y eficaz herramienta para tratar la gonartrosis y otras artrosis: La terapia biológica con Plasma Rico en Plaquetas y Factores de Crecimiento plaquetario.